La operación
3. Haciendo la maleta

3. Haciendo la maleta


En todo viaje siempre hay una maleta. A veces puede ser invisible y aun así tener un peso incalculable. Mi viaje de reconexión también tiene maleta. Tiene más de una. O una sola, en la que van a entrar y salir tantas cosas que al final del viaje estará irreconocible. Creo que a mí también me pasará lo mismo. En realidad lo espero, incluso diría que lo busco. Necesito un cambio, y trascender. Necesito que entren y salgan cosas y convertir mi yo mujer en una más libre y segura.

Ahora que se acerca la operación, una de las maletas que tengo que preparar es la de ir al hospital. Nunca he pasado la noche en el hospital. Nunca se me ha roto un hueso ni me han dado puntos. Nunca me han quitado un diente o una muela. Nunca he perdido el conocimiento. Creo que puedo decir que las inyecciones es lo único con lo que estoy realmente familiarizada, ya sea para inyectarme algo o para quitarme sangre. Me siento físicamente bastante intacta, por decirlo de alguna manera.

Hace ahora casi 12 años, me golpeó un coche cruzando un paso de peatones. No fue mi culpa. El coche, en el que iban cuatro hombres jóvenes, huyó, dejándome tirada en el suelo. Yo creo que ese fue el día que más cerca estuve de pasar la noche en un hospital. Me acuerdo del antes y del después, pero no del impacto. Me acuerdo de haber empezado a correr al ver que el coche aceleraba, y me acuerdo de estar de repente en el suelo. Recuerdo que en aquel momento me sobrecogió el llanto más ahogado, doloroso e intenso que jamás he tenido. Estaba aterrorizada. Y sola. Nadie vino a mí. Me acuerdo de que conseguí levantarme, coger el móvil y llamar a Lucía, que me vino a buscar con Janne y me llevaron a urgencias. Aquel día cuando fuimos a urgencias, no estaba preparada, no llevaba ninguna maleta, pero de ese viaje me llevé un peso que tardé mucho tiempo en transformar y quitarme de encima.  

Esta vez es diferente. Sé cuándo y para qué voy al hospital y puedo prepárame, quiero prepararme. Sé lo que va a pasar y siento que todo va a ir bien. Desde que recibí la carta con la citación hace unas semanas, empecé a preparar la maleta para los días que esté ingresada. Me han dicho que estaré allí dos o tres días. Lo esencial que me piden llevar es:

  • Cualquier medicación que estés tomando en el envase original.
  • Un bata.
  • Unos zapatos cómodos que no resbalen.
  • Cepillo, pasta de dientes, y un enjuague bucal.
  • El número de teléfono de la persona que me recogerá cuando me den el alta.

A parte de eso, he puesto unos camisones anchos que fui a comprar con mi amiga Nelly, para que no molesten la herida, muchas bragas, un neceser con básicos como cepillo del pelo, gel de ducha, crema, algunas compresas, un paquete de pañuelos y cacao para los labios. También me llevo un espejo pequeño, un lápiz de ojos y un carmín. Por si el día que me den el alta no me veo muy buena cara, poder darme un poco de color. No sé, pero dos o tres días me parece bastante tiempo, así que también me llevo un par de libros y el ganchillo por si me aburro. Los libros forman una parte clave de este viaje, esos recursos que me van a ayudar a entender mi cuerpo y a poner en práctica hábitos y comportamientos que me ayuden a recuperar la conexión y la salud. Más adelante les dedicaré un espacio y también hablaré de estos recursos. Por supuesto, también me llevo el cargador del móvil, el DNI, la tarjeta del banco, y las llaves de casa. Tengo una bolsa de viaje que parece un bolso de playa que es el que voy a usar. Es suficientemente amplio y práctico. No llevo ropa, porque cuando me vaya del hospital pienso ponerme lo mismo que llevaré puesto el día de entrar a la operación. Y con esto, creo que no se me olvida nada de lo importante.

También siento que estoy preparando un equipaje intangible, mental. Ciertamente es el más importante y el que no sólo voy a necesitar para el día de la operación, sino para el resto del viaje. Para el resto de mi vida. Desde que decidí operarme, he tratado de crear un compromiso conmigo misma: ponerme delante. Me siento positiva y con determinación, como si la gota hubiera colmado el vaso y ya no hay marcha atrás. Quiero ser quien más me quiera y quien más me conozca.  Quien más me proteja y quien más alegrías me dé. Cuando hablo de conocerme, ahora mismo me refiero sobre todo a conocer mi cuerpo, pero por dentro, esa parte que no vemos y que por ello muchas veces ignoramos. Me refiero a la parte mujer de mi cuerpo físico, pero no hablo de las curvas, mis pechos, o mis genitales. Me refiero a la parte bioquímica, la que se pasa día y noche en actividad constante, en busca de equilibrios cíclicos. Quiero entender las hormonas, que se pasan la vida llevando mensajes de un sitio a otro. Me interesa muchísimo la relación de la bioquímica del cuerpo con la comida. Estamos hechos de lo que comemos (¡y bebemos!), y por obvio que parezca, esta idea es algo que tardamos demasiado tiempo en asimilar.

Afortunadamente, vivo en una época y en un lugar en los que la información está muy alcance de la mano, pero en los que se necesita el juicio para discernir si la información es de calidad o no. Desde que empecé mi carrera de licenciatura en química, llevo unos 20 años sumergida en el mundo de la ciencia académica, trabajando en el estudio de proteínas a través de la espectrometría de masas. Esta trayectoria científica me ha permitido relacionarme con la información de una manera más distante y con un ojo más crítico. Además, poseo una mente flexible y empática para resolver problemas. Confío en que en que todos estos años en contacto con las ciencias de la vida me ayudarán a entender cómo descifrar e integrar la información que me vaya encontrando.  Me siento preparada, la maleta está lista.

5 comentarios en “3. Haciendo la maleta

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      Thank you for your simple, sensitive and personal sharing.
      In some parts of your story, there are echoes in me, me as a human being.
      There are resonances that make me want to share a bit of my story too, not only because I know you, but also because, as a human being, I am still learning and searching, for a long time, for knowledge about the natural balance of the living, of my living space, my body, but also my life context, my surroundings, what I do to my body, to my mind, how they both influence each other, what I eat and drink, and what life puts on my path. It’s so vast, it’s so many parameters, we know it, we feel it, deep inside our being.
      I went through a night several months ago, more than 11 years ago. A bit like you, I had little contact with the hospital world for myself (apart from my birth and my wisdom teeth). That time, I came close to death, and the context brought me close to it. I thought I would never be able to heal from this violence, this loneliness, this distress, all this weight that suddenly knocked me down following this aggression where my aggressors left me there, on the ground, like a useless object in the world.
      And then, after years of new experiences, of rebounds, I wanted to carry life, to be a relay of the living, to enlarge my love with my partner, to live this experience of mammal.
      At that moment, I was convinced that I was fully ready and that it would go quickly. I was caught up in reality. My body was already filled with a uterine polyp. Carrying life meant surgery (a cyst on the ovary was removed at the same time). I wondered how old this polyp was? Had it been 11 years since it had nestled in my sacral space? I could not get a medical answer. However, it was not insignificant for me to return to the operating table after so many years. I refused to do so, but I had to hear what it awakened, pains that were dormant but which nevertheless constitute me, which are also part of my wealth, because I welcomed them in order to overcome them. Finally, as you describe it, going to the hospital when the appointment is fixed, when we are given a list of things to bring, when we have time to buy what we will miss, to warn our relatives, suddenly this medical appointment does not have the same message as my previous experience, which was sudden and very long. I ended up approaching the surgery as another way to heal my past injury. And it was. I finally experienced this appointment as an appointment for myself, my deepest desires, my dreams to continue, life to experience…

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        My dear Johana, thanks for sharing your story. I remember all of it, and I particularly remember that when we talk after your aggression, it was the first time that I felt someone really understood what happened to me in that car incident. It is difficult to open up to others when you fell that they cannot relate to the experience you are sharing. Thanks for being there. Thanks to life to joining our paths.

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      Estoy leyendo los posts y me transporto contigo… Cuánta realidad y cuánto desconocimento a la vez. Gracias Ade!!!
      Y me encantan las fotos!!!

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        Muchas gracias, Trini, por acompañarme, por acompañarnos. Ojalá que entre todas, consigamos cambiar esa realidad y hacer del conocimiento nuestro mejor aliado.

    • […] Cuando pienso en cómo ha sido el proceso de recuperación, tengo la sensación de que empecé a recuperarme en el momento en el que decidí operarme. Como si al haber tomado esa decisión algo hubiera hecho un clic, y mi mente y mi cuerpo hubiesen empezado a coordinarse para afrontar el camino hacia el cambio, hacia un estado que no sólo significaría una mejora de mi salud, sino que también me abriría otras posibilidades. Como si poco a poco me estuviese inundando por una nueva energía, guiada por la determinación y la voluntad. El clic que me hizo pasar de temer y rechazar a desear el cambio, a crear ese compromiso conmigo misma del que ya he hablado (Haciendo la maleta). […]

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