Aliados
4. El rechazo

4. El rechazo


En algún momento todo empezó con el rechazo, la desconexión de mi yo mujer. Nelly me explicó una vez, que cuando uno rechaza una parte de sí mismo es por miedo a que, al sentirte identificada con ella, los demás te rechacen. Rechazamos esa parte por miedo y para sentir que encajamos mejor. Creo que en mi relación con mi yo mujer el rechazo ha estado presente en muchas ocasiones. Se nos etiqueta como mujer al nacer, cuando llegamos a este mundo y nuestros padres tienen una niña. La niña.

Crecí en una época y un lugar que tenía más libertades y ofrecía más oportunidades de educación que las épocas y los lugares de mi madre y mis abuelas y bisabuelas. Me acuerdo de hablar con mis amigas del colegio sobre la regla y que una de ellas que ya la tenía dijera que cuando tienes la regla gastas un montón de papel de baño. Yo aún no la tenía, no me acuerdo a qué edad fue. Las otras niñas pensaban que sí que me había venido ya, y al decirles yo que no, me llamaron mentirosa. Cuando era niña tenía la impresión de que ser chica te ponía una etiqueta de ser débil, aunque ni lo fueras ni te sintieras así. Y de alguna manera por miedo a ese rechazo acabas aceptando todas esas etiquetas que te van poniendo y acabas rechazando a la persona que sientes que eres.

Adentrada ya en la tormenta hormonal de la pubertad, me vino la regla un día por la mañana, y en ese momento lloré y llamé a mi madre. Pero no lloré porque me diera miedo o me asustara. No suelo ser aprensiva con la sangre ni con las heridas. Lloré porque creía que eso era lo que tenía que hacer. No lloré mucho porque no era de verdad, no era de dentro. Era la etiqueta. Lo que había visto en las películas y series de la tele, y lo que había oído “le vino la regla y se echó a llorar porque se asustó”. Y no me acuerdo de qué edad tenía o qué día de la semana fue. Sólo me acuerdo de estar reaccionando a la altura de lo que yo creía que se esperaba de mí, para encajar con la historia del resto de las niñas, del resto de las mujeres. En ese momento rechacé a mi verdadera yo. Ahora lo veo.

La regla forma una parte central de nuestra vida de mujer, pero nos la presentan llena de tabúes, miedos, prejuicios y desinformación. En el cole nos explicaron el sistema reproductor, pero a aquellas edades reproducirse estaba tan lejos que la información parecía más bien irrelevante para lo que nos estaba pasando. De la regla no se hablaba, ni tampoco de salud menstrual. Llevábamos un suéter amarrado a la cintura cuando teníamos la regla para, en caso de mancharnos el pantalón, que no se viera. Una se sentía avergonzada y que daba asco. Mancharme es algo que me sigue pasando cuando tengo reglas abundantes, que es la gran mayoría de las veces. Ahora tengo otros trucos y no me agobio, lo acepto. Cuando me mancho ahora es porque en vez de darme prioridad, se la doy a lo que quiera que sea que esté haciendo, sobre todo cuando estoy en el trabajo; en una reunión o en el laboratorio. No soy capaz de parar la reunión para decir “perdona, es superinteresante esto que me estás contando, pero ¿te importa que paremos la reunión? me noto que me está bajando la regla un montón y tengo que ir a cambiarme”, y coger un támpax o una compresa del neceser e irme tan tranquila al baño. O estar en el laboratorio haciendo experimentos y saber que, durante las incubaciones no me da tiempo de ir al baño y, como el experimento va primero, pues me espero a terminar y entonces es demasiado tarde. En mi trabajo actual, muchas veces trabajo con estudiantes, y si son chicas soy más abierta y les digo que tengo que ir al baño, que además no está nada cerca.

Creo que así fue para mí, en la relación de rechazo con mi regla como empecé a rechazar a mi yo mujer.  Y a partir de ahí, empecé a sentir que muchas veces ser mujer está lleno de soledad, incluso de castigo. Siento que muchas de mis amigas y mujeres de mi entorno podrían pensar igual. No conozco a nadie que me haya dicho “yo me puse super contenta cuando me vino la regla por primera vez. Me encantó, y cada mes cuando me baja la disfruto como una loca, ¡una alegría! ”. Y créeme que tengo amigas de todas partes del mundo y he vivido en contacto con muchas culturas diferentes. Tener la regla nos hace entrar en una etapa fértil y sexual que también está llena de tabúes, miedos, prejuicios y desinformación. El miedo y la desinformación suelen ir de la mano. ¡Habría tantas cosas que incluir aquí! Los tabúes de la sexualidad y el placer, miedo a que nos hagan daño, a que nos violen, a que se aprovechen, prejuicios de género y orientación sexual, de lo que “hay” y lo que “no hay que hacer”, desinformación sobre enfermedades, sobre el uso de anticonceptivos hormonales, de salud menstrual, y tantas otras cosas.

Me doy cuenta de que llevo decidiendo un tiempo que estoy harta de todo esto. Y de alguna manera este blog viene a materializar ese hartazgo. Quiero contribuir a cambiar las cosas, que el futuro sea diferente, que las niñas no tengan miedo de la regla ni la rechacen. Que podamos enseñarles a vivir en paz con sus ciclos, a que hablen y compartan, y no se avergüencen ni se sientan sucias o rechazadas. Quiero aprender a entender mi cuerpo y ayudar a otras mujeres a que entiendan los suyos y entre todas poder mejorar nuestra salud menstrual y hormonal. Quiero que nos empoderemos a través de la información, la empatía y el autoconocimiento. Quiero que los hombres sean nuestros aliados en el cambio. El hombre de mi vida se llama Juanpe, llevamos juntos unos 15 años, y él ha sido muchísimas veces quien me ha sacado de la soledad en mi relación con mi yo mujer, quien me devuelve el amor propio y más me apoya en este viaje.

Cuestionarme este rechazo me ha hecho pensar en las personas trans y lo difícil que debe ser la relación que tienen con sus cuerpos y la parte mujer con la que, o no se identifican o en la que están deseando transformarse. Se me ocurre pensar que seguramente sea un hombre trans el que mayor empatía en potencia tenga para entender lo que le pasa una mujer. No conozco a ninguna persona trans, y me gustaría decir que este espacio, este blog, no solo está abierto a mujeres cis como yo, sino a cualquiera que quiera acompañarme en este viaje, sin importar su género o si corresponde o no con su cuerpo.

9 comentarios en “4. El rechazo

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      Pues me voy a empezar a plantear el estar en un reunión y decir: « Muy interesante lo que estás contando pero se me rebosa la copa menstrual. Dame 5 minutillos👍🏼»

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      Y la foto con las etiquetas es enorme👏🏼

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        Gracias Trini. La verdad es que me he ido dando cuenta de que las fotos también se han convertido en una parte importante del compartir este viaje, y abrirle de nuevo la puerta a mi expresión más creativa, que llevaba mucho tiempo callada.

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      Yo ahora estoy en proceso de aceptar mi sexualidad, de entender cuales son los límites de lo que me gusta y no en la intimidad y es muy difícil, ya que la mitad de las cosas que me interesan son tabúes. Pero estoy intentando dejar esa vergüenza y aceptar lo que deseo y me gusta. Esta siendo muy liberador. Te ha pasado?

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        Sí, si que me ha pasado. Pero en mi caso, creo que era una cuestión de perspectiva, como que en realidad eran cosas tabúes desde un punto de vista cultural, pero en realidad eran cosas naturales del deseo y el placer y el querer disfrutar intimamente con alquien a quien amas. Para mí la intimidad forma una parte importante de un proceso de comunicación. A veces también es importante que la persona que te acompaña sea abierta y te comparta la naturalidad de lo que esteis viviendo sin hacerte sentir vergüenza. ¡Me alegro mucho que tu proceso esté siendo liberador! Creo que es una manera muy bonita de poder sentirse empoderada. Un abrazo.

    • […] En esa búsqueda de respuestas, he ido encontrando recursos que me han ayudado poco a poco, como las piezas de un puzle, a crear una visión más completa e integrada de cómo funciono, de cómo soy. Tengo la impresión de que la idea de autoconocimiento, de aprender cómo funciona y es cada uno, se aplica sobre todo a nuestra psicología, al carácter y las emociones, a la mente, pero no tanto al entendimiento de nuestra parte física. Es como si hubiésemos dejado esa tarea exclusivamente a los médicos. Y creo que por eso vivimos mayoritariamente desentendidos de nuestros cuerpos. No los escuchamos. Los dejamos sufrir más de la cuenta y sólo acudimos al rescate cuando nos encontramos en un estado avanzado de sufrimiento. También creo que yo, y muchas otras mujeres, en cuanto al padecimientos de nuestras partes íntimas se refiere, nos dejamos sufrir más de la cuenta por prejuicios sociales y culturales, por tabúes, falsos mitos y desinformación. Por miedo. Miedo a ese rechazo del que ya he hablado (El rechazo). […]

    • […] Pienso en lo que significa tener una cicatriz. Una cicatriz es una huella. La huella física de un acto ejercido sobre el cuerpo, un acto de cambio, que transforma y crea una división entre el antes y el después. La cicatriz es la evolución de una herida que se cierra, en este caso una herida consciente, una herida voluntaria. Quiero pensar que mi cicatriz será también la evolución de otra herida más profunda e intangible, de una herida emocional que llevaba mucho tiempo abierta sin yo darme cuenta y que creo, una vez más, que empezó con el rechazo. […]

    • […] dura que me ha llevado a alimentar y acrecentar ese rechazo hacia mi yo mujer que ya he mencionado (El rechazo). Ese rechazo que estoy tratando de deconstruir con cada post que escribo. Y al deconstruir, al […]

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