Autoconocimiento
19. Tira y afloja

19. Tira y afloja

Ya hemos hecho el viaje de vuelta (el otro viaje) y sigo en transición. Y me estoy dando cuenta de que en la rueda del cambio hay un tira y afloja inevitable que me arrastra del caos al orden y del nuevo orden a un nuevo caos. Como un resorte que se mueve en zig-zag en una trayectoria sin fin. Sin control, pero con consciencia. Un tira y afloja que me hace sentir que cada cambio que hago se puede ver afectado por el siguiente, y en esa posibilidad de impacto siento que el cambio anterior sufre el riesgo de desvanecerse. Es como si dar un paso hacia delante, a veces significa tener que dar unos cuantos hacia atrás. Un baile.

Desde la operación, he ido introduciendo muchos cambios positivos en mi vida. Cambios más o menos grandes, más o menos importantes, más o menos certeros, que me hacían sentir que estaba yendo a buen ritmo en la dirección correcta (una nueva etapa). En esta, que ha sido la mayor mudanza de nuestras vidas, todos esos cambios aún siguen en una caja que me traje pero que no he abierto. Una caja maravillosa de recursos y conocimiento.

En este tira y afloja de este nuevo comienzo estoy comiendo lo que no me sienta bien, y además me veo comiendo con ansías. Estoy bebiendo más de lo que mi hígado aguanta para poder detoxificar las hormonas (lo que comemos). Estoy acostándome más tarde y durmiendo menos. No hago las sesiones de ejercicio que solía hacer. Me vino la regla, y a pesar de llevar casi un año usando la copa menstrual, he estado usando tampones. Tengo la sensación de dejarme arrastrar por las nuevas circunstancias. Y también tengo la impresión de que es como si hubiera un orden superior de las cosas que hace que antes de poder hacer las cosas bien de nuevo, necesito primero poner organización en otros aspectos de esta nueva vida. Tengo otras cajas que desempacar antes de poder abrir mi maravillosa caja de cambios.

Confío en que el equilibrio volverá, pero por momentos desespero y me resulta inevitable sentirme culpable de no dar prioridad a mi yo mujer. E incluso al blog, puse un mes antes de publicar la siguiente entrada y aun dándome todo ese tiempo, he tenido que postponerla. El nuevo tiempo es diferente, pasa más rápido, y creo que pasa más rápido porque me siento más atenta, más presente. A pesar de todo, confío en que todo tendrá su momento y su espacio de nuevo. La ventaja mayor que siento en todo este proceso es la consciencia. Soy muy consciente de lo que pasa, y por eso, aun estando a disgusto conmigo misma en esta falta de rutinas para cuidarme, tengo la impresión de estar en paz. Es como si hubiera aceptado que esto también es parte del proceso, parte de este nuevo cambio. Tomar consciencia me hace, además, relativizar. Y entre la aceptación y el relativismo consigo encontrar el amor propio que me rescata de la culpa, el disgusto y la desesperanza.

Ese amor, aceptarme y sentir empatía por mí misma en estos momentos de adaptación a una nueva vida están ayudándome mucho. Como dice Marym (de rebelde a libre: Marym), la experiencia le da a uno la capacidad de ser flexible. Después de tantas mudanzas y cambios de país, después de darme cuenta del daño que soy capaz de hacerme cuando no me sé escuchar, creo que ahora me toca aprovechar esa experiencia para ser más flexible que nunca. Eso sí, sin perder el rumbo. Quiero hacer este baile siendo consciente de que estoy bailando y de que en algún momento la música parará, o cambiará. Esto es solo una etapa del camino y el momento llegará de abrir la caja y desempolvar esos recursos para ponerlos en marcha nuevamente.

Por supuesto, nuevas cosas también están pasando. Me pregunto si será que este tira y afloja no me permite aún recuperar el equilibrio pasado, pero me está dando elementos nuevos para un equilibrio futuro. Son nuevas cosas que de alguna manera contribuyen a esa paz que siento al dejarme llevar por lo que está pasando.

El cambio de entorno me permite ahora en esta isla bonita sentirme más conectada con los elementos. Casi cada día disfruto del sol y su energía, que me relaja y me recarga paralelamente. Camino descalza en suelo firme y siento el fresco bajo mis pies. Hacer algo de “earthing” en mi vida anterior no era tan fácil. Un día, más adelante, cuando esté preparada, hablaré más de este tema y el beneficio que tiene para las hormonas. Además, estamos caminando mucho, sin rutina y más que por gusto, por necesidad, pero siento que así al menos compenso la falta de ejercicio. También tengo el mar cerquita y ya hemos ido a verlo unas cuantas veces. Creo que es una de las cosas que más echaba de menos cuando no vivía aquí. Oír, oler, y sentir el océano. Su calma y su furia. Su sal y su frescura. Su color azul, oscuro y vivo. Zig-zag. Un baile.

De esas experiencias pasadas, he aprendido que se necesita un año para sentir que uno está establecido en un nuevo sitio. Se necesita el tiempo de cerrar un ciclo para entender cómo funciona todo. Me pregunto cómo voy a sentirme dentro de un año, después de ese primer ciclo de adaptación. Creo que volver a mis orígenes y que sea un sitio que conozco me engaña de vez en cuando en la percepción que tengo sobre la novedad de lo que vivo. Conozco el sitio, pero el sitio ha cambiado, y sobre todo, yo he cambiado. Me siento llena de ilusión por el futuro y este nuevo proyecto de vida por el que estamos apostando. Y agradecida de esta conciencia plena que me acompaña. No sé qué sería de mí ahora mismo sin ella.

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